Enfermedades

No solo engorda lo que se come, sino cuándo se come

Un nuevo estudio demostraría la relación entre células de grasa y el reloj biológico del organismo. Comer durante la noche alteraría el reloj biológico y favorecería la obesidad y el síndrome metabólico

Cambios en el reloj Biológico, cambios metabólicos
Las células de grasa acumulan energía sobrante y envían los niveles disponibles al cerebro. Un nuevo estudio aparecido esta semana en Nature Medicine muestra cómo la alteración del reloj biológico que marca las horas en las que nos alimentamos hace que engordemos aún cuando se ingieran las mismas cantidades de alimentos.

Científicos de la Escuela Perelman de Medicina de la Universidad de Pensilvania, EE.UU., han realizado una serie de experimentos en los que alterando el “reloj biológico” de ratones de laboratorio hacían que se volvieran obesos. Los ratones son una especie predominantemente nocturna: su código genético hace que se muestren activos y se alimenten durante la noche.

En el primero de los experimentos, los científicos suprimieron el gen Arntl (también conocido como Bmal1 o Mop3) en las células de grasa de un grupo de ratones de laboratorio. Esto hizo que los ratones modificaran los horarios de alimentación habituales en su especie (horarios nocturnos) y se volvieran obesos. Estos resultados eran doblemente sorprendentes: los ratones “se volvieron obesos sin consumir más calorías”. En un segundo experimento, los científicos consiguieron los mismos efectos replicando los horarios de alimentación alterados en ratones normales. En otras palabras, cuando los ratones se alimentaban a horas no habituales, engordaban comiendo las mismas cantidades. Este cambio de conducta podría compararse en cierto modo al síndrome de alimentación nocturna en humanos, que también está asociado a la obesidad y al síndrome metabólico.

El segundo resultado que ha sorprendido a los investigadores vendría del mismo reloj molecular. Hasta ahora, se pensaba que los relojes moleculares de las células de tejidos periféricos seguían “el horario” del reloj central situado en el Núcleo Supraquiasmático del cerebro. No obstante, los resultados sugerirían que la conducta o los cambios experimentados por las células de los tejidos periféricos pueden llegar a influir en el comportamiento del reloj central.

La ingesta diaria de alimentos es regulada por la expresión de genes que estimulan o suprimen el apetito en el hipotálamo. Cuando el reloj de las células de grasa era “averiado”, los investigadores de la Universidad de Pensilvania vieron cómo el ritmo hipotalámico era alterado, estimulando el consumo de alimentos (aumentando el apetito) a horas inadecuadas para ello: durante el día para los ratones, y durante la noche para las personas. Cuando los biorritmos de una especie son alterados, también ocurren cambios en el metabolismo. Por ejemplo, se dan más casos de obesidad y de síndrome metabólico (y de las enfermedades asociadas a estas) en trabajadores de turno de noche; las personas con trastornos del sueño también tienen más propensión a desarrollar obesidad. En este sentido, algunos estudios han asociado trabajo en turno de noche con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Ácidos grasos y reloj biológico
Equilibrar los niveles de energía del organismo requiere integrar múltiples señales cruzadas entre el sistema nervioso central y los tejidos periféricos, como por ejemplo hígado o corazón. Las células de grasa no sólo acumulan y liberan energía; también “informan” al corazón de los niveles de energía acumulados. Para ello, emplean la hormona leptina: cuando aumenta la cantidad de grasa acumulada, se libera esta hormona al flujo sanguíneo, lo que informa al hipotálamo que el cuerpo tiene suficientes reservas y que debe “desactivar” el apetito: se incrementa el gasto de energía y se suprime la sensación de apetito.

Los investigadores descubrieron que ciertos genes cambian cuando el reloj biológico de las células de grasa se veía alterado: son los genes que regulan la liberación al torrente sanguíneo de ácidos grasos no saturados como el ácido eicosapentanoico (EPA) o el ácido Docosahexaenoico (DHA). También llamó la atención de los científicos que estos dos mismos ácidos grasos también están asociados habitualmente a los aceites de pescado o a los pescados grasos.

Por tanto, cuando los ratones del experimento se alimentaban fuera de las horas habituales, los niveles de EPA y de DHA eran bajos tanto en el plasma sanguíneo como en el hipotálamo. Aún más sorprendente para los científicos fue comprobar que podían revertir este fenómeno dando suplementos alimenticios de EPA y de DHA a los ratones con sus genes modificados (se les había suprimido la expresión del gen Arntl) para modificar su reloj biológico.

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